La importancia del equilibrio

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Solemos cargarnos cada día con más y más obligaciones, tareas, nos imponemos y nos imponen más y más listas interminables… tanto, hasta el punto de sentir que nuestra vida está llena sólo de obligaciones.

Una situación así puede envolvernos de tal forma que ni siquiera nos demos cuenta de que estamos dentro de ella, de que estamos dentro de ese círculo de tengo que, tengo que… y así vamos por la vida como pollos sin cabeza haciendo cosas que ni siquiera sabemos cómo han llegado a nosotros y ni para qué tenemos que hacerlas y ni cómo las vamos a hacer.

En algunas ocasiones, podemos llegar a sentir ansiedad, por la sensación de que nunca llegaremos a ese Estatus Quo en el que sintamos que nuestra vida está bien y que nos gusta vivir en ella.

Sólo vemos quehaceres por todos sitios y de vez en cuando, cuando paramos un poco, anhelamos tener más momentos para el disfrute y el gozo, para hacer cosas que “no tenemos que hacer” pero que sí queremos hacer.

El problema radica en que esa parada suele ser muy corta porque nos bombardean de nuevo con otras tareas que hacer y claro… no tenemos tiempo de mirar un poco para adentro porque hay muchas cosas que hacer ahí fuera.

Esto puede derivar, con los años, en una parada obligatoria, en forma de infarto o cualquier otra enfermedad grave que nos obligue a parar.

Porque el cuerpo puede ir dando avisos que muchas veces ni queremos escuchar no vaya a ser que tengamos que dejar de hacer eso tan importante que “tenemos que hacer”.

En algunos momentos de mi vida yo he sentido esto que os cuento, y tuve la suerte de darme cuenta a tiempo de que así no iba a llegar a ningún sitio que yo quisiera. Y me di cuenta de que, para llegar a donde yo quería, tenía que estar sana y fuerte y así, con ese ritmo de vida… a donde iba a llegar era al barrio de los silencios…

En ese momento en el que me di cuenta, tomé varias decisiones.

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  1. Dedicarme tiempo para organizarme semanalmente.
  2. Incluir en esa organización tiempo para hacer lo que yo quiera hacer.
  3. Delegar todo lo delegable.
  4. Priorizar lo prioritario.
  5. Hacer, hacer y hacer con foco.

 

Vamos a verlos.

  1.  Dedicarme tiempo para organizarme semanalmente.

A mí, particularmente, me viene bien hacerlo los domingos, son días que me gusta dedicar tiempo a preparar la semana para empezarla de la mejor y más organizada forma posible. Por eso, cada domingo, dedico al menos una hora, para pensar en qué necesito tener en cuenta para el resto de la semana, no hago una separación personal y profesional porque mis calendarios son sólo uno, y los organizo teniendo en cuenta tanto mis sesiones con mis clientes, mi trabajo de backend (redes sociales, artículos, nuevos proyectos…), los horarios de mi hija y mi hijo, mis tareas en casa, mis momentos de meditación, de paseos, de ejercicio, de “no hacer nada”. Es decir, tomo calendario en mano e incluyo cada cosa que ya sepa de antemano que voy a hacer.

Por supuesto, todo lo calendarizado es susceptible de ser cambiado de hora o de día, como siempre digo, no es algo estático, es simplemente mi marco de referencia para saber a qué atenerme, para tener el mapa semanal claro, aunque luego la ruta varíe porque haya obras en medio 😊

 

2. Incluir en esa organización tiempo para hacer lo que yo quiera hacer.

Y esto es lo que he comentado en el punto anterior. No tengo en cuenta sólo “mis deberes” por llamarlas de alguna forma, sino también “mis quereres”, eso que yo quiero hacer y sé que me aporta muchísimo y me hace tener la energía necesaria para poder continuar. Como la meditación, pasear por la naturaleza, hacer algo de ejercicio (yo suelo practicar Yoga). E incluso, entre tarea y tarea, me incluyo, en el calendario, 5 o 10 minutos de “no hacer nada” 5 o 10 minutos que me permitan desconectar de lo que esté haciendo, estirarme, prepararme una infusión, leer un capítulo de un libro que me guste… y dirás, eso es “hacer algo”… claro! por eso lo entrecomillo!! Cuando digo nada, me refiero a nada que sea una “tarea” sino que, en ese momento, lo dejo en blanco para hacer aquello que yo en ese momento considere que me viene mejor.

 

3. Delegar todo lo delegable.

Y esto se nos hace a veces muy difícil, bien porque no tenemos a mano a esa persona en la que confiamos para esa tarea, bien porque nos da pereza buscarla, o porque pensamos que nadie lo va a hacer como nosotras. Y en eso último tenemos razón, nadie lo va a hacer como nosotras, pero eso no significa que no lo haga “lo suficientemente bien”.

Lo importante es que esté hecho, ya sabéis el dicho “mejor hecho que perfecto”. Y es que a veces, nuestras ansias de controlarlo todo nos juega malas pasadas y al final, no llegamos a hacer todo lo que nos proponemos por tener unas expectativas demasiado altas para nosotras mismas.

Así que te animo a que te plantees una lista de todas esas tareas que podrías delegar y empieza a buscar a esas personas que podrían ayudarte con ellas.

 

4. Priorizar todo lo prioritario.

Todas las personas sabemos cuales son esas tareas que si o si, tienen que estar hechas en una determinada fecha. Así que, en mi caso, esas tareas las pongo como prioritarias. Si en mi calendario semanal no cabe todo lo que quiero hacer, sencillamente comienzo a elegir. Para ello, como he dicho antes, primero incluyo esas tareas improrrogables y luego, si queda hueco, las secundarias.

 

5. Hacer, hacer y hacer con foco.

Esto parece una perogrullada, pero piensa que, cuando ponemos toda nuestra atención en una tarea, el porcentaje de tiempo que necesitamos para ella es mucho menor. No sabría decirte cuanto menos en porcentaje, pero si tomo mi ejemplo, podría decirte que, cuando hago algo estando totalmente enfocada, el tiempo de realización disminuye entre un 40% y 50%. Creo que estos porcentajes son como para pensarse esto del foco.

Sé que es difícil mantener el foco pero si quieres, con entrenamiento mental, puedes conseguir grandes resultados.

Y claro, con foco, y haciendo por supuesto, tomando acción. De lo contrario, nuestra lista de tareas seguirá aumentando y aumentando…

Un último consejo, todo lo que te lleve menos de 5 minutos, hazlo, en ese mismo instante en el que lo ves o se te viene a la cabeza, hazlo por favor, el efecto reconfortante de haber terminado una de “tus tareas” te hará sentir genial y te dará más motivación para seguir “haciendo”.

Desde que tengo en cuenta todo esto, me siento más en equilibrio entre mis “deberes” y mis “quereres”, lo que me hace sentir que soy yo quien controla mi vida y que me aporto eso que necesito en cada momento. Esos momentos de placer, de desconexión, luego me hacen ser más productiva y tener más foco en todas las demás tareas.

 

Como ves, a mí me merece, y mucho, ese tiempo de los domingos dedicado a “planificar” y tener en cuenta todas mis necesidades y deseos.

 

Deseo que este artículo haya llegado a ti en un momento adecuado y que, por supuesto, te sirva para acercarte más a esa persona que quieras llegar ser, si no la eres ya!

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